jueves

"Porque escribí no estuve en casa del verdugo
ni me dejé llevar por el amor a Dios
ni acepté que los hombres fueran dioses
ni me hice desear como escribiente
ni la pobreza me pareció atroz
ni el poder una cosa deseable
ni me lavé ni me ensucié las manos
ni fueron vírgenes mis mejores amigas
ni tuve como amigo a un fariseo
ni a pesar de la cólera
quise desbaratar a mi enemigo.
Pero escribí y me muero por mi cuenta,
porque escribí porque escribí estoy vivo."

Ocio increíble del que somos capaces,
perdónennoslos trabajadores de este mundo
y del otro
pero es tan necesario vegetar.
Dormir,
especialmente,
absorber como por una pajilla delirante
en que todos los sabores de la infelicidad
se mixturan
rumor de vocecillas bajo el trueno..."

(Lihn -Mester de juglaría)
... Todo te lo tragaste,
Como la lejanía.
Como el mar, como el tiempo.
Todo en ti fue naufragio!
Era la alegre hora del asalto y el beso.
La hora del estupor
que ardía como un faro.
Ansiedad de piloto,
furia de buzo ciego,
turbia embriaguez de amor,
todo en ti fue naufragio!
En la infancia de niebla
mi alma alada y herida.
Descubridor perdido,

todo en ti fue naufragio!
Te ceñiste al dolor,
te agarraste al deseo.
Te tumbó la tristeza,
todo en ti fue naufragio!
Hice retroceder la muralla de sombra,
anduve más allá
del deseo y del acto.
Oh carne, carne mía,
mujer que amé y perdí,
a ti en esta hora húmeda,
evoco y hago canto.
Como un vaso albergaste la infinita ternura,
y el infinito olvido te trizó como a un vaso.
Era la negra, negra soledad de las islas,
y allí, mujer de amor,
me acogieron tus brazos.
Era la sed y el hambre,
y tú fuiste la fruta..
Era el duelo y las ruinas,
y tú fuiste el milagro.
Ah mujer,
no sé cómo pudiste contenerme en la tierra de tu alma,
y en la cruz de tus brazos!
Mi deseo de ti fue el más terrible y corto, el más revuelto y ebrio,
el más tirante y ávido.
Cementerio de besos,
aún hay fuego en tus tumbas,

aún los racimos arden
picoteados de pájaros.
Oh la boca mordida,
oh los besados miembros,
oh los hambrientos dientes,
oh los cuerpos trenzados.
Oh la cópula loca de esperanza

y esfuerzo en que nos anudamos
y nos desesperamos.
Y la ternura,
leve como el agua y la harina.
Y la palabra
apenas comenzada en los labios.
Ese fue mi destino
y en él viajó mi anhelo,

y en él cayó mi anhelo,
todo en ti fue naufragio!

Oh, sentina de escombros,
en ti todo caía,
qué dolor no exprimiste,
qué olas no te ahogaron!
De tumbo en tumbo
aún llameaste y cantaste.
De pie como un marino
en la proa de un barco.
Aún floreciste en cantos,
aún rompiste en corrientes.

Oh sentina de escombros,
pozo abierto y amargo.
Pálido buzo ciego,
desventurado hondero,
descubridor perdido,
todo en ti fue naufragio!
Es la hora de partir,

la dura y fría hora
que la noche sujeta a todo horario.
El cinturón ruidoso
del mar ciñe la costa.
Surgen frías estrellas,
emigran negros pájaros.
Abandonado
como los muelles en el alba.
Sólo la sombra trémula
se retuerce en mis manos.
Ah más allá de todo.
Ah más allá de todo.
Es la hora de partir.
Oh abandonado!